Inspiración en un desconocido…

gratitud

Hace un par de días, camino a buscar mi carro luego del trabajo, pasé por una vereda por la que paso todos los días. Iba algo apurada porque tenía un compromiso y se me estaba haciendo algo tarde. Esta vereda tiene unos 7 u 8 escalones al principio y al final, escalones que para muchos de nosotros no representan nada, escalones que subiríamos a diario sin pensar la fuerza motriz que nuestro cuerpo necesita para sustentar la acción de subirlos. 

En mi apuro, vi a un señor de unos 70 años intentando subir las escaleras. El señor tenía bastón y apenas podía mover sus piernas, parecían estar tiesas, le costaba muchísimo subir los escalones, al punto que llegué a pensar que no lo lograría.

Ver a este señor me hizo pensar que lo que para mi, a diario no representaba ningún esfuerzo, para él parecía ser un gran desafío. A pesar de mi apuro, me dispuse a ofrecerle mi ayuda, no sé cómo (ya que yo estaba en tacones, vestido, y con ambas manos llenas de chécheres), pero lo quería ayudar… lo mío solo eran tacones y cosas en mis manos, lo de él era un impedimento físico. Le dije:


-¿Señor, está todo bien?, si me permite lo ayudo a subir.
El me contestó: -Tranquila joven, yo puedo, muchas gracias.

El día de hoy, vi al mismo señor, subiendo las mismas escaleras. Esas escaleras que a diario no representan ningún esfuerzo físico para mi, esa acción que pasa desapercibida en mi vida, pero que son la vía de paso y reto del día a día de ese señor. Esto me hizo reflexionar; ¿Cuán a menudo le damos importancia a las cosas simples de la vida?¿El hecho de caminar, de poder ver, de oler, de tocar a quien amamos…?¿El hecho de poder subir unas escaleras sin pensarlo y sin esfuerzo?.

Al verlo hoy, no me dio tristeza ni pesar, me dio alegría ver una persona que a pesar de su edad e impedimento físico, se vale por sí misma… y me inspiró. Puso una sonrisa en mi cara y me inspiró a no preocuparme por lo que no es necesario. Hoy solo quiero decir: Gracias a ese extraño, que sin saberlo, tocó mi vida y me dio una lección que a diario se nos olvida: “No subestimemos las cosas en nuestras vidas, aprendamos a ver el milagro de vivir, desde la acción más mínima, hasta la más grande son bendiciones para nosotros”.

Lucho con la idea de estar siempre en sintonía con lo que predico: por la presión en el trabajo, por las personas cuyo actuar no me parece, por las cosas que me molestan, pero tener experiencias como esta, te hacen volver a poner los pies sobre la tierra. Te ayudan a recordarte que cada ser humano es único, importante y especial. Puede que esa frase ya esté trillada, pero muchos nos la sabemos y pocas veces la practicamos. Hoy, te invito a valorarte, respetarte, darte tu lugar, procurando hacerlo siempre con los demás también.

Todo nuestro descontento por lo que nos falta, es la falta de gratitud por lo que tenemos

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